Uno no puede elegir que sentir, pero si puede elegir que pensar. Y depende de lo que elijas pensar, lo que vas a sentir. Cuanto más simples son tus pensamientos, más simples son tus sentimientos.
Para volver a encantarse, para volver a creer en la magia, esa generación debe saber que no está sola. Debe saber que es necesaria, importante y decisiva para otras generaciones pasadas y futuras. Debe saber que lo que encanta de la vida no es el mundo que se recibió sino el que podemos dejar. Para encantarse con la vida una generación necesita rebelarse, el desencanto se contagia fácil, pero el encanto es un trabajo de hormiga. El encanto nos necesita a todos haciendo lo que amamos y amando lo que hacemos
Alguien cantaba alguna vez “mientras miro las nuevas olas yo ya soy parte del mar”, un genio. Hay que subirse a la ola y barrenarla, porque no se puede frenar el cambio, hay que cambiar con él.